7.08 Ningún lugar como Roma

Ningún lugar como Roma

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EXT. ROMA. DÍA
Tras ver una serie de imágenes de la ciudad (edificios de clara arquitectura romana junto a los que pasa gente vestida con túnicas, como coliseos, foros, circos…) aparecen Xena, Gabrielle y Eva junto al emperador Claudio, un hombre de edad bastante avanzada. Caminan animadamente por una calle y son escoltados por dos guardias pretorianos.

XENA
Claudio, tu invitación es muy generosa. Nos sentimos muy halagadas.

GABRIELLE
No todos los días se puede presumir de ser una invitada del emperador de Roma.

CLAUDIO
Y yo estoy realmente agradecido a Eva. Su mensaje es muy inspirador. Ha llegado la hora de que Roma escuche a gente como ella.

Claudio

EVA
 (Sonriendo)
Ése es el objetivo de Eli. Después de décadas de violencia, las fronteros del Imperio están alcanzando la paz.

CLAUDIO
Las amazonas, Britania… Eva ha sido una gran influencia. Por eso es el momento de perdonar y olvidar definitivamente su pasado como Livia.

GABRIELLE
La verdad es que no te pareces en nada a tu predecesor.

CLAUDIO
La historia de Roma ha estado llena de demasiados Calígulas.
(Pausa)
Ya casi estamos llegando. Una de las mayores glorias de Roma.

El grupo dobla una esquina y, al final de una larga calle, se alza un enorme anfiteatro junto al que se amontonan muchos ciudadanos.

XENA
Aquí siempre han triunfado este tipo de espectáculos.

CLAUDIO
Vamos. Tenéis reservados los mejores asientos posibles.

 

EXT. ANFITEATRO. DÍA
Claudio, Xena, Gabrielle, Eva y los guardias pretorianos llegan al palco principal del anfiteatro. Claudio se sienta a la izquierda de una mujer hermosa, más joven que él. Xena, Gabrielle y Eva toman asiento a la derecha de Claudio. La arena del anfiteatro aún se encuentra vacía, y poco a poco los romanos van llenando las gradas.

CLAUDIO
Ésta es Agripina, mi esposa.

Agripina

Claudio toma la mano de Agripina, quien mantiene cierta frialdad y examina a las recién llegadas.

AGRIPINA
Vuestra fama os precede. En tu caso, Eva, mi marido te tiene en gran estima.

EVA
Claudio sabe apreciar el mensaje de Eli.

AGRIPINA
Pero sabes que no somos elianos. De hecho, los seguidores de Eli aún sois una minoría en Roma.

EVA
Aun no todo el mundo está preparado para aceptar el mensaje de Eli. Pero las cosas están cambiando rápidamente y esto también.

AGRIPINA
Un interesante punto de vista.

Se acerca un Maestro de ceremonias al asiento de Claudio.

MAESTRO DE CEREMONIAS
Emperador…

CLAUDIO
(Interrumpiendo)
Hoy tenemos unas invitadas de honor, así que espero que hayas preparado un buen combate…

MAESTRO DE CEREMONIAS
Va a luchar por primera vez un grupo de gladiadores germanos, capturados en batalla. Si combaten en la arena con tanta fiereza como la que muestran en sus bosques del norte, los espectadores disfrutarán como no lo hacían desde hace mucho tiempo.

El Maestro de ceremonias se queda de pie junto a Claudio. Por una puerta situada en la arena comienzan a salir los gladiadores.

XENA
(A Gabrielle)
Es como estar otra vez en el Tártaro.

GABRIELLE
Aquí al menos los espectadores y los luchadores están vivos.

XENA
De momento.

Dos grupos de gladiadores comienzan a dirigirse hacia el palco imperial. Uno de ellos, formado por gladiadores romanos, avanza sin oponerse. El otro, que está constituido por los gladiadores germanos, es hostigado por las lanzas de unos soldados para que se muevan.

AGRIPINA
Eva, ¿qué opina una pacifista como tú de los combates de gladiadores?

EVA
Eli dice que debemos rechazar cualquier forma de violencia.

AGRIPINA
De acuerdo, eso es lo que dice Eli. Pero apostaría a que no puedes olvidar a la guerrera que fuiste, Livia...

CLAUDIO
(Interrumpiendo)
¡Agripina! He perdona oficialmente a Eva por su pasado. Todos los romanos, empezando por ti, deberíais hacer lo mismo.

EVA
No me he sentido incomodada, pero… En realidad, los combates de gladiadores que triunfan en Roma son una de las peores formas de violencia. Contribuyen a extender la sed de sangre entre todos los estratos sociales, desde los campesinos y artesanos hasta la nobleza. Pero además, utiliza una práctica tan reprobable como la esclavitud para sus propósitos. Si no hubiese vivido tanto tiempo en Roma, no me parecería posible que fuesen tan populares.

Agripina lanza a Eva una mirada de reprobación.

CLAUDIO
Espero que, de cualquier forma, podáis imbuiros de nuestra cultura y grandiosidad, y estoy seguro de que me acabaréis dando la razón en que no hay en todo el mundo ningún lugar como Roma.

Unos trompetistas hacen sonar sus instrumentos. Los gladiadores, que continúan divididos en dos grupos, están a pocos pasos del límite de la arena, bajo el palco imperial. Cuando cesa el sonido de las trompetas, el maestro de ceremonias se adelanta.

MAESTRO DE CEREMONIAS
Ciudadanos de Roma, los Emperadores Claudio y Agripina os dan la bienvenida a estos juegos.

Claudio y Agripina se levantan y observan a la multitud que los vitorea. Se sientan.

MAESTRO DE CEREMONIAS
Hoy os ofrecerán la presencia de unos gladiadores inéditos, que fueron apresados en la lejana y salvaje Germania, a las orillas del Rhin. Mostrarán la forma de lucha de los bárbaros para deleite del cultivado pueblo romano.

El público estalla en aplausos y gritos. Los soldados de la arena empujan con las lanzas a los gladiadores germanos. De mala gana, los germanos imitan a los gladiadores romanos y alazan la mirada hacia el palco imperial. Repentinamente, podemos observar un sobresalto en Xena, Gabrielle y Eva.

GLADIADORES
Ave, César. Los que van a morir te saludan.

Los gladiadores continúan mirando a Claudio. Uno de los que están en el grupo de los germanos desvía su mirada hacia Xena, Gabrielle y Eva. Descubrimos que él es la causa de su sobresalto: se trata de Beowulf.

 

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